COVID-19, el virus que convirtió a San Lázaro en un “fantasma”

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El Palacio Legislativo de San Lázaro, aquel edificio emblemático que se inauguró en 1982 como esa gran obra arquitectónica, que albergaría a la Cámara de Diputados y el Senado, hoy es un monstruo sin alma, un fantasma.

El miedo de un contagio masivo entre diputados y trabajadores prendió las alertas y se tomaron medidas a partir de este martes. Muchos empleados tienen permiso para faltar y algunas áreas definieron guardias para evitar la presencia de más personal.

También se restringió el acceso de visitantes, debido a que se cancelaron todos los foros, conversatorios y reuniones de comisión hasta nuevo aviso.

En todos los accesos, los elementos de resguardo (seguridad) portan guantes de látex, cubrebocas y un termómetro corporal con el que miden el calor de cada visitante.

Doña “Tere” es secretaria de un diputado de Morena. Ingresa por la puerta vehicular ubicada en la calle de Emiliano Zapata. Un elemento de seguridad le avisa que para poder ingresar a la Cámara de Diputados le tiene que tomar la temperatura y, con un aparato, le señala a la frente y resulta 36.4 grados.

A doña Tere le hacen un segundo diagnóstico en el cuello y da 36 grados, “¡está bien!”, describe el elemento de seguridad y le permite el acceso.

A los coches también se les hace la prueba, a los conductores y pasajeros. Mismo protocolo, frente y cuello.

El integrante de seguridad describe que se les hace las dos pruebas porque, debido al sol y al calor, los visitantes podrían traer una temperatura en el rostro y la más fiel es en cuello.

Relata que en todo lo que va del día solamente a una persona le salió más de 37 grados, pero al medirle el cuello, ya salió en 36 grados.

El protocolo para quien tiene más de 37 grados es no permitirle el acceso y pedirle que acuda a su clínica más cercana. Se les anota en una lista y con eso se justifica su asistencia.

En los pasillos de la Cámara de Diputados hay muy pocos empleados, solamente los elementales deambulan por esta sede legislativa. En días de sesión ordinaria pueden confluir hasta siete mil personas; sin embargo, este martes no hay y la población disminuye hasta en un 50%, es decir, solamente acuden aproximadamente tres mil personas.

Las decenas de salones para reuniones de comisiones, foros, audiencias o entrevistas están cerrados con cadenas y candados, es decir, están vacíos. Solamente algunas oficinas están abiertas, pero hay muy pocos diputados en San Lázaro.

Incluso la presidenta de la Cámara de Diputados, Laura Rojas (PAN), supervisó los protocolos de salubridad que se implementaron.

Los integrantes de la Junta de Coordinación Política y de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados definirán en unos minutos si se cancelan las sesiones ordinarias para evitar un posible contagio masivo.

JM

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